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Transición energética: un aporte para reducir la huella de carbono y el cambio climático

 

La transición energética: hacia un mundo más sustentable

La transición energética es un término surgido en Alemania que se utiliza para hablar del uso de las energías renovables, la eficiencia energética y el desarrollo sostenible como modelo alternativo al empleo de recursos no renovables para producir energía. La implementación de energías renovables puede ayudarnos a mitigar la emisión de dióxido de carbono (CO2) que se acumula en la atmósfera y altera su composición contribuyendo al cambio climático.

En la actualidad, gracias al desarrollo de biocombustibles y el uso de diversas fuentes de energía alternativa como el viento, el agua, el sol o la biomasa es posible reducir la liberación de CO2 a la atmósfera. En muchos países del mundo existen leyes que proponen plazos para incorporar estas fuentes alternativas: para reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y el cambio climático, es fundamental esta transición a nivel mundial.
 

Los desarrollos en América Latina

En nuestra región existen diversos desarrollos en materia de energía alternativa que tienen como fin lograr la transición energética. Por ejemplo, en Argentina se encuentran las únicas tres empresas de Latinoamérica que fabrican aerogeneradores y que tienen proyección mundial. Una de ellas cuenta con tal éxito, que ha instalado una planta de producción en Brasil y se encargan de toda la cadena de valor del negocio de la energía eólica: I+D, fabricación, construcción de granjas eólicas y generación de energía eólica.

En tanto Brasil cuenta con los dos mayores parques fotovoltaicos de Sudamérica. Actualmente se está desarrollando uno de ellos en la localidad de Nova Olinda que consta de casi 930.000 paneles solares en una superficie de 690 hectáreas. Se estima que podrá producir más de 600 GWh al año una vez que esté plenamente operativo, suficiente para satisfacer las necesidades por año de consumo de alrededor de 300.000 hogares brasileños, evitando la emisión de aproximadamente 350.000 toneladas de CO2 a la atmósfera.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) América Latina y el Caribe tienen una de las tasas más altas de consumo de energías renovables de cualquier región del mundo, debido al aprovechamiento del potencial de sus recursos hídricos. Las acciones llevadas a cabo por diversas organizaciones internacionales que trabajan en conjunto con empresas e instituciones locales, buscan duplicar el porcentaje de energía renovable para el año 2030.
 

La energía y la agricultura

Según la Organización Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) los sistemas alimentarios consumen el 30% de la energía disponible en el mundo. De ese porcentaje, el 70% es consumido después de que los alimentos salen de la explotación agropecuaria, durante el transporte, la transformación, el embalaje, el envío, el almacenamiento, la comercialización, etc. Si tenemos en cuenta que aproximadamente ⅓ de los alimentos que producimos se desperdician, con ello se tira casi un 38% de la energía consumida para producirlos.

Todos estos datos demuestran que se torna necesario apoyar el uso de sistemas energéticos inteligentes que sean sostenibles y eficaces en toda la cadena de producción de los alimentos: desde la preparación de las semillas y el trabajo de siembra, cultivo y cosecha que se realiza en el campo hasta su posterior distribución o para que llegue a los hogares.

La transición energética nos permitirá emitir menos CO2 y mitigar el cambio climático que tanto afecta a la agricultura, pero también conservar los recursos limitados con los que contamos gracias a uso de energías renovables como el sol, el agua o el viento.

 

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