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La agricultura y el manejo del agua

Para garantizar los alimentos a la población que crece a un ritmo vertiginoso, el mundo necesitará producir un 60% más para el 2050. Este objetivo se vuelve un desafío si tenemos en cuenta factores como el cambio climático, la disminución de tierras cultivables año a año o la cantidad limitada de agua. Este último recurso resulta crítico si consideramos que es empleado en el campo y el resto de la cadena productiva, en las industrias, en la producción energética y para uso personal de humanos y otros seres vivos que habitan el planeta.

En el campo, cuidar cada gota es fundamental: la agricultura consume cerca del 70% del total de agua dulce disponible, y el reto mundial es obtener más alimentos con cantidades variables de agua y tierra. Es en este contexto que las nuevas tecnologías de irrigación de precisión junto a las buenas prácticas agrícolas nos pueden ayudar a conservar este recurso esencial para la vida de todos.

Mejorar la gestión del agua, la clave para conservar

Existen diversas maneras de gestionar el agua en el campo, desde la labranza del suelo para aumentar la filtración del agua de lluvia hasta los sistemas modernos de riego. Según la guía “Ahorrar para crecer” de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, aproximadamente el 80% de tierras cultivadas en el mundo son de secano (desvío oportuno del curso del agua de la lluvia hacia la zona de las raíces con el objetivo de incrementar el almacenamiento de humedad) y responsables del 60% de la producción agrícola mundial. En este caso, la aplicación de agua no depende tanto de la decisión del productor; está directamente determinada por las precipitaciones. 

El 20% restante de superficie cultivada es de regadío y produce cerca del 40% de la producción. Esto se debe a que en ellas se combinan técnicas que posibilitan mayor intensidad y rendimiento. El control del ciclo del agua junto a la gestión de los insumos necesarios está a cargo del trabajador del campo, lo que hace que este tipo de producción sea entre 2 y 3 veces mayor que la de secano. Está claro que un uso eficiente, controlado y flexible del agua es esencial para mejorar las prácticas agronómicas y emplear de forma justa cada recurso.

Tecnología y agricultura: una gran manera de cuidar el agua 

La Agricultura Moderna ha introducido nuevas herramientas y técnicas para ayudar a los productores a conservar para avanzar. Por ejemplo, el uso de aplicaciones o dispositivos tecnológicos, en el marco de la Agricultura de Precisión, nos permite obtener información geográfica exacta para entender qué cantidad de agua necesita cada parcela de tierra. Luego de conocer esta información, podemos utilizar maquinaria automática para realizar el riego indicando coordenadas, cantidades y frecuencia de uso del agua en cada sector del campo.  

En otros casos, se han desarrollado sensores o chips que detectan el nivel de humedad del suelo o de las hojas de cada planta. Estos dispositivos controlan los niveles de agua con exactitud y son capaces de enviar notificaciones y alertas por cuestiones puntuales, además de recolectar una gran cantidad de datos útiles. También se han creado sistemas inteligentes asociados a mapas del suelo que combinan parámetros como la textura de la tierra, el desarrollo de la planta y datos meteorológicos para reducir el uso del recurso hídrico. 

Una de las aplicaciones más sorprendentes de la tecnología agrícola son los cultivos tolerantes a la sequía. A medida que el cambio climático persiste, las semillas que ahorran agua pueden ayudar a los productores a producir alimentos con menos agua. El caso emblemático es el Maíz Eficiente en Agua para África (WEMA), un proyecto fruto de una asociación público-privada liderada por la Fundación de Tecnología Agrícola Africana y financiada por la Fundación Bill y Melinda Gates, la Fundación Howard G. Buffet y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). WEMA usa técnicas de reproducción convencionales para desarrollar semillas tolerantes a la sequía lo que resulta una excelente solución para los miles de productores africanos cuyo riego depende de las condiciones climáticas.  

Todas estas innovaciones buscan rentabilizar el riego para usar la menor cantidad de agua posible obteniendo los mejores beneficios para las producciones. El riego de precisión, el conocimiento en detalle de cada tipo de campo y el análisis de los datos permitirán a los productores detectar - cada vez mejor - los niveles de humedad del suelo y la temperatura para definir la cantidad de agua necesaria  en los diferentes escenarios. 

Cada año, tanto los productores como las empresas privadas, científicos e investigadores, asociaciones relacionadas a la temática y Estados renuevan el compromiso de buscar nuevas maneras de conservar el recurso hídrico. En el marco del Día Internacional del Agua, reforzamos la importancia de conservarla para avanzar.


 

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